martes, 3 de noviembre de 2026

Día de contemplaciones

 

"Dios está en su palacio de cristal. Quiero decir que llueve, Platero. Llueve.

Y las últimas flores que el otoño dejó obstinadamente prendidas a sus ramas exangües, se cargan de diamantes.

En cada diamante, un cielo, un palacio de cristal, un Dios.

Mira esta rosa; tiene dentro otra rosa de agua, y al sacudirla ¿ves?,

se le cae la nueva flor brillante, como su alma, y se queda mustia y triste, igual que la mía.

El agua debe ser tan alegre como el sol. Mira, si no, cuál corren felices, los niños, bajo ella, recios y colorados, al aire las piernas.

Ve cómo los gorriones se entran todos, en bullanguero bando súbito, en la yedra, en la escuela, Platero, como dice Darbón, tu médico.

Llueve. Hoy no vamos al campo. Es día de contemplaciones.

Mira cómo corre las canales del tejado. Mira cómo se limpian las acacias, negras ya y un poco doradas todavía;

cómo torna a navegar por la cuneta el barquito de los niños, parado ayer entre la yerba. Mira ahora, el sol instantáneo y débil,

cuán bello el arco iris que sale de la iglesia y muere, en una vaga irisación, a nuestro lado.

Platero y yo – Juan Ramón Jiménez



sábado, 31 de octubre de 2026

más allá de la muerte

 

“Ah, qué fácil es desobedecer a un muerto. Si pese a ello, a veces, nos sometemos a su voluntad, no es por temor, por obligación, es porque le queremos y nos negamos a creer que está muerto.  Si un viejo campesino en su agonía, le ha rogado a su hijo que no tire abajo el viejo peral que hay delante de la ventana, el peral no será abatido mientras el hijo recuerde con amor a su padre.

Poco tiene que ver esto con una fe religiosa en la vida eterna del alma.  Simplemente un muerto a quien quiero jamás será muerto para mí.  No puedo siquiera decir:  le he querido; no, le quiero.  Y si me niego a hablar de mi amor por él en el pasado, eso quiere decir que el que está muerto “está”.  Ahí es donde tal vez se encuentre la dimensión religiosa del hombre.  En efecto, la obediencia a la última voluntad es misteriosa:  supera toda reflexión práctica y racional:  el viejo campesino nunca sabrá, en su tumba, si el peral ha sido o no abatido; sin embargo, para el hijo que le quiere resulta imposible no obedecerle.

Hace mucho tiempo, me emocionó (y me sigue emocionando) la conclusión de la novela de Faulkner, Las palmeras salvajes.  La mujer muere tras un aborto fallido, el hombre es preso, condenado a diez años; le llevan a su celda un comprimido blanco, veneno; pero aleja enseguida la idea del suicidio, ya que la única manera de prolongar la vida de la mujer amada es conservarla en su recuerdo.

“…cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser; y si yo dejara de ser, todo el recuerdo dejaría de ser. Sí” pensó él, “entre la pena y la nada elijo la pena”

Los testamentos traicionados – Milan Kundera



martes, 27 de octubre de 2026

del amor humano, fragancias vespertinas y rayos de sol

 “M. Laruelle se preguntó si llovería;  en ocasiones, aunque pocas veces, ocurría en esta época, como, por ejemplo, el año anterior en que llovió fuera de temporada.  Y aquellos nubarrones en el sur eran de tormenta.  Se imaginó que podía olfatear la lluvia y se le ocurrió que nada le agradaría tanto como mojarse, empaparse hasta la médula, y caminar sin cesar por esta tierra agreste con sus pantalones de franela blanca pegados, cada vez más y más y más mojado.  Contempló las nubes:  oscuros caballos veloces se movían en el cielo ¡Sombría tempestad que se desataba a destiempo! Así ocurría con el amor, pensó; el amor que llega demasiado tarde.  ¡Sólo que a este no seguía la calma, como cuando la fragancia vespertina o el rayo de sol, lento y cálido, vuelven a la tierra sorprendida!  M. Laruelle se alejó apresurando el paso.  Y si tal amor de pronto nos enmudece, nos ciega, nos enloquece o nos mata:  con encontrarle un símil no vamos a cambiar nuestro destino.  Tonerre de dieu! … Describir el amor tardío no apaciguaba sed alguna.

Bajo el volcán – Malcolm Lowry