“Tristeza de sentirme aún tan vulnerable. Dentro de veinticinco años, tendré cincuenta y siete. Así que me quedan veinticinco años para hacer mi obra y encontrar lo que busco. Después la vejez y la muerte. Yo sé lo que es más importante para mí. Y aún encuentro la manera de ceder a las pequeñas tentaciones, de perder tiempo en conversaciones vanas o en callejeos estériles. He dominado dos o tres cosas en mí. Pero qué lejos estoy de esa superioridad que tanto necesito.
Maravillosa noche en el Atlántico. Esa hora que va del sol que desaparece a la
luna apenas naciente, del oeste aún luminoso al este ya oscuro. Sí, he amado mucho al mar…esa inmensidad
tranquila…esos surcos recubiertos…esos caminos líquidos. Por primera vez, un horizonte a la medida del
aliento del hombre, un espacio tan grande como su audacia. Siempre me he visto desgarrado entre mi apetito
de los seres, la vanidad de la agitación y el deseo de hacerme igual a esos
mares de olvido, a esos silencios desorbitados que son como el encanto de la
muerte. Siento inclinación por las
vanidades del mundo, por mis semejantes, por los semblantes, pero, al lado del
siglo, tengo una regla mía que es el mar y todo lo que en este mundo se le
parece. ¡Oh, dulzura de las noches! Cuando las estrellas oscilan y se deslizan
por encima de los mástiles, y ese silencio en mí, ese silencio por fin que me
libera de todo ….”
Diarios de viaje - Albert Camus
pintura de J. Sorolla
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