“Cuando Rainer Maria Rilke era muy joven, fue a visitar al
viejo Tolstoi en su finca de Yasnaya Polyana.
Caminaban por el campo en compañía de la ubicua Lou Andreas-Salomé, y
Tolstoi le preguntó a Rilke ¿a qué se dedica usted ahora? A lo que el poeta
contestó natural y tímidamente “A la lírica”.
Según parece lo que recibió por respuesta fue no sólo una sarta de
insultos, sino también una diatriba en toda regla contra todo tipo de lírica,
algo en lo que en modo alguno podría dedicarse nadie.
No cabe duda de que para el joven Rilke las palabras del
anciano maestro ruso tuvieron que entrarle por un oído y salirle por el otro,
ya que pocos poetas ha habido en la historia que más se hayan dedicado, de
manera obsesiva y excluyente, no sólo a la lírica sino exactamente a todo tipo
de lírica.
Como buen poeta Rilke comulgaba mucho, no sólo con los
animales sino con los astros, la tierra, los árboles, los dioses, los
monumentos, los héroes, los minerales, los muertos (sobre todo con
las muertas jóvenes y enamoradas), algo menos con sus vivos semejantes.”
Vidas escritas – Javier Marías


