“La debilidad de las mujeres, como la de los esclavos,
depende de su condición legal, su fuerza se desquita en las cosas menudas donde
el poder que ejercen es casi ilimitado.
Raras veces he visto casas donde no reinaran las mujeres; con frecuencia
he visto también reinar al intendente, al cocinero o al liberto. En el orden financiero, siguen legalmente
sometidas a una forma cualquiera de tutela, pero en la práctica, en cada tienda
de la Suburra la vendedora de aves o la frutera es la que casi siempre manda en
el mostrador. La esposa de Atiano
administraba los bienes familiares con admirable capacidad de hombre de
negocios. Las leyes deberían diferir lo
menos posible de los usos; he acordado a la mujer una creciente libertad para
administrar su fortuna, testar y heredar.
Insistí para que ninguna doncella sea casada sin su consentimiento: la violación legal es tan repugnante como
cualquier otra. El matrimonio es la
cuestión más importante de la vida: justo
es que la resuelvan según su voluntad.
Por lo demás los cambios, reales o supuestos, no han
modificado en nada la eterna licencia de las costumbres de las clases
inferiores o la eterna mojigatería burguesa, y sólo el tiempo mostrará si son
perdurables.”
Memorias de Adriano – Marguerite Yourcenar


