"Por cierto qie las ideas de libertad tienen su expresión económica, pero ello no es, a mi juicio, lo esencial ni lo distintivo del liberalismo. Ese fue el ideario liberal que adopté a mediados de los años ochenta, muy apuntalado además por las obras de Isaiah Berlin y Karl Popper. Por su intermedio pude apreciar la grandeza de Sócrates así como el peligro de Platón y los filósofos reyes, aquellos que, como lo expresa en la República, querrán "limpiar el lienzo", purificar al ser humano para sobre ese lienzo en blanco proyectar sus designios utópicos. Ese es el arquetipo de los revolucionarios mesiánicos que quieren borrarlo todo para recrear al hombre a su antojo.
También me ayudó mucho la lectura de El hombre rebelde de Albert Camus, y me identifiqué profundamente con su concepto de rebelde, es decir, aquel que no acepta la indignidad, la injusticia, la opresión. Que dice no, que se enfrenta a los tiranos de toda condición. Aquel que no se somete, que no calla frente a una realidad que envilece al ser humano. El rebelde no es un revolucionario de aquellos que sueñan con paraísos terrenales u hombres nuevos. No, el rebelde actúa por ese hombre que somos, aquel ser imperfecto y limitado, como toda sociedad humana que podamos construir. Pero en ningún caso se resigna a que no seamos lo que sí podemos y debemos ser: dignos, respetados, libres. Eso es para mí ser liberal. Se trata de una meta mucho más modesta que la del revolucionario, pero es aquella que no nos lleva por el camino de la desmesura y la violencia. Por eso siempre digo que pasé de la soberbia revolucionaria a la sobriedad liberal."
Diálogo de Conversos - Roberto Ampuero / Mauricio Rojas
foto de J.Carlos Gedda


