jueves, 2 de julio de 2026

vigilando lo indecible

 "Como llevo dentro un constante tumulto que tengo que vigilar, siento angustia ante lo imprevisto, lo imprevisible. El ejercicio de mi profesión se convierte, por tanto, en una meticulosa administración de lo indecible. Transmito, organizo, ritualizo. Hay directores de escena que materializan su propio caos, de ese caos crean, en el mejor de los casos una función. Esa falta de profesionalidad me da asco. Yo no participo jamás en el drama, yo traduzco, concretizo. Y lo más importante; no hay sitio para mis propias complicaciones, excepto como llaves para abrir los secretos del texto o como impulsos controlados para estimular la creatividad del actor. Odio el tumulto, las agresiones, las explosiones de sentimientos. Un ensayo es una operación que se realiza en un local preparado para ese fin. Allí reina la autodisciplina, la limpieza, la luz y la calma. Un ensayo es un trabajo serio, no una terapia privada para director y actores."

Linterna mágica - Ingmar Bergman



miércoles, 1 de julio de 2026

Ante dos obligaciones

 

_ ¡Defenderse! ¿Cómo puede uno defenderse? Son más fuertes que cualquiera, son los más fuertes del mundo entero.

_ ¡No es verdad! Sólo serán fuertes mientras el mundo lo quiera. El individuo es siempre más fuerte que la idea, pero debe seguir siendo fiel a sí mismo, a su propia voluntad. Debe saber que es un ser humano y que quiere seguir siéndolo, sólo entonces aquellas palabras que lo rodean, con las cuales hoy día adormecen a las personas, palabras como patria, deber, heroísmo, mera retórica que apesta a sangre, a sangre humana caliente y viva. Sé honesto, ¿es la patria tan importante para ti como tu vida? Una provincia que cambia a su ilustre monarca, ¿es tan querida como tu mano derecha, la misma con la que pintas? ¿Crees en alguna justicia fuera de la invisible que construimos en nosotros, con nuestros propios pensamientos y nuestra sangre?

La obligación - Stefan Zweig




domingo, 7 de junio de 2026

del silencio y el orden

 "Los días, las semanas y los meses que pasaba en casa de mi abuela satisfacían probablemente la apremiante necesidad que he sentido toda mi vida de silencio, de regularidad, de orden. Jugaba solo y no echaba de menos la compañía. Abuela se sentaba ante el escritorio del comedor, vestida de negro, con un gran delantal de rayas azules.  Leía un libro, llevaba sus cuentas o escribía cartas; la plumilla de acero raspaba levemente el papel. Lalla trabajaba en la cocina, canturreando un poco para sí misma. Yo, inclinado sobre mi teatro de muñecos, levantaba gozoso el telón sobre el oscuro bosque de Caperucita o el iluminado salón de baile de la Cenicienta. 

Mi juego se adueñaba del espacio escénico, mi imaginación lo poblaba.

"Linterna mágica - Ingmar Bergman