sábado, 26 de septiembre de 2026

un espacio de lujo y seducción

 

“Subió con Odette al coche de ella y dijo a Rémi que les siguiese.

Odette llevaba en la mano un ramo de catleyas, y Swann advirtió que bajo el pañuelo de encajes que le cubría la cabeza tenía en los cabellos flores de aquella misma orquídea atadas a un airón de plumas de cisne.  Aparte de aquella especie de mantilla llevaba un vestido de terciopelo negro que en la parte inferior se interrumpía en un jirón oblicuo dejando ver a manera de un triángulo los bajos de una falda de falla blanca, y que dejaba asomar un pedazo también de falla blanca en el pico del descotado corpiño, en el que se clavaban las flores de catleya. Apenas Odette se había repuesto del susto que le había dado Swann, cuando un obstáculo hizo que el caballo transmitiera al coche una brusca sacudida.  Ambos fueron fuertemente zarandeados y ella prorrumpió en un grito, quedándose muy agitada y sin aliento. 

-No es nada -le dijo él-, no tenga miedo.

La sujetaba por el hombro apoyándola contra su cuerpo para sostenerla; luego le dijo:

-Sobre todo no diga nada, contésteme solamente por señas, no sea que vuelva a quedarse sin aliento. ¿No le importa que le enderece las flores del corpiño que se le han movido con la sacudida?  Tengo miedo de que las pierda, quisiera asegurarlas un poco.

Odette, que no tenía costumbre de que los hombres tuvieran tantos miramientos con ella, dijo sonriendo:

-No, en absoluto, no me molesta.

Un amor de Swann – Marcel Proust



jueves, 24 de septiembre de 2026

el libro entrega íntimos mensajes

 

-         “Quisiera hacerle una pregunta- le dije despacio. –

-         ¿De qué se trata?

-         Es sobre los obsequios… ¿Cómo los elige?

Respecto a la selección de libros, sus muchos años de experiencia e intuición podían llevarla a pensar que esos eran los adecuados para cada visitante.  Pero resultaba imposible que supiera que yo me iba a encontrar unos cangrejos en el supermercado o hablaría de una carrera de cangrejos con mi hija.

Yo me esperaba que tuviera una sorprendente técnica secreta, pero ella me respondió con total naturalidad:

-         Al azar.

-         ¿Cómo?

-         Dicho con más gracia: dicho según me viene la inspiración…

-         ¿La inspiración?

-         Si eso le ha llevado a algún lado, me alegro.  Me alegro mucho.

La señora Komachi me miró fijamente.

Ahora bien, no se trata de que yo sepa algo ni que se lo quiera conferir.  Todos ustedes descubren por sí mismos el significado de los obsequios que les doy.  Con los libros es igual.  El lector relaciona algunas palabras del libro consigo mismo de un modo que no tiene nada que ver con la intención de quien lo escribió, y así es como obtiene algo único para él. “

La biblioteca de los nuevos comienzos – Michiko Aoyama



 

martes, 22 de septiembre de 2026

la comprensión es aleatoria

 “Recibí un mensaje de Saya por Line en el que me anunciaba que tenía novio.  Le pregunté cómo era, pero ella se limitó a responderme:  “Es médico”.

Yo le había preguntado por él como persona, pero ella había eludido referirse a su forma de ser o a su aspecto físico para mencionar directamente sobre su profesión, aunque médicos debe haber de muchos tipos.

No obstante, seguramente Saya me lo había dicho para que yo entendiera qué clase de persona era, como si la profesión describiera el carácter de uno.  A decir verdad, al comentarme que era médico, en cierta medida me imaginé cómo sería según la imagen estereotipada o subjetiva que yo misma me había creado de su profesión.

Me pregunté qué personalidad debía proyectar mi trabajo a los ojos de los demás ¿Qué debía de decir de mí a las personas que no me conocen?

En el fondo de pantalla azul celeste de mi teléfono, la conversación sobre ese novio que había conocido en una cita múltiple de solteros fue avanzando poco a poco.

Saya era del mismo pueblo que yo.  Éramos amigas desde el instituto y, aunque al terminar yo me fuera a Tokio a estudiar un grado de formación profesional y después me quedara a trabajar allí, ella todavía seguía contactando conmigo de vez en cuando.

“¿Cómo va todo últimamente, Tomoka?”

Tras leer ese mensaje, mis dedos se detuvieron unos instantes.  No tenía novedades.  Empecé a escribir “Todo” y el sistema de redacción automática me sugirió “Todo bien”, así que eso fue lo que le mandé, pero en realidad lo que quería responderle era un “Todo me aburre”.

La biblioteca de los nuevos comienzos – Michiko Aoyama