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viernes, 28 de septiembre de 2018

unidos por las palabras

"Durante mucho tiempo me regodeé en los rescoldos de mi irrelevancia. Mientras lo hacía, analizaba inconscientemente las alternativas. ¿Debía rendirme a la inexistencia impuesta por una fuerza que yo no respetaba? ¿Debía fingir que obedecía y, en secreto, engañar al régimen? ¿Debía abandonar el país, como habían hecho o se habían visto obligados a hacer, muchos de mis amigos? ¿Debía huir de mi trabajo en silencio, como habían hecho algunos de mis colegas más respetables? ¿Había otra opción?
Durante aquel período me uní a un pequeño grupo que se juntaba para leer y estudiar literatura clásica persa. Los domingos por la noche íbamos a la casa de alguno de los participantes y pasábamos el rato estudiando un texto tras otro durante horas. Nos reuníamos los domingos por la noche en diferentes casas, a veces durante los apagones, a la luz de las velas, y así año tras año. Incluso cuando las diferencias políticas y personales nos distanciaban, aquellos textos mágicos volvían a unirnos. Como un grupo de confabuladores, nos sentábamos alrededor de la mesa del comedor y leíamos poesía y prosade Rumi, Hafez, Saadi, Khayam, Nezami, Ferdowsi, Attar y Beyhaghi.
Nos turnábamos para leer pasajes en voz alta, y las palabras, literalmente, se elevaban en el aire y descendían como un vapor sutil que impregnaba nuestros sentidos. Sus palabras eran tan seductoras y juguetonas, tanta alegría en su capacidad para deleitar y sorprender, que yo no dejaba de preguntarme: "¿Cuándo hemos perdido esa condición, esa habilidad para seducir y quitar importancia a la vida con la poesía? ¿Cuándo se produjo esa pérdida exactamente? Lo que hay en este momento es una retórica edulcorada, hipérboles en desuso, engañosas, que apestan a perfume barato"

Leer Lolita en Teherán - Azar Nafisi


sábado, 1 de septiembre de 2018

buscando la verdad

"Tras dimitir de mi último puesto académico en el otoño de 1995, decidí darme un capricho y cumplir un sueño. Seleccioné a siete de mis mejores y más entregadas alumnas y les invité a acudir a mi casa los jueves por la mañana para hablar de literatura. Todas eran mujeres, ya que dar una clase mixta en mi domicilio particular era demasiado arriesgado, aunque nos dedicáramos a hablar de inofensivas obras de ficción. Un varón muy cabezota al que había excluido de nuestra clase insistió en sus derechos. Se llamaba Nima, y quedamos en que leería el material asignado y vendría a casa en días especiales para hablar sobre los libros que estábamos leyendo.
A menudo les recordaba en broma a mis alumnas La plenitud de la señorita Brodie, , de Muriel Spark, y les preguntaba: «¿Quién de vosotras me traicionará?». Porque soy pesimista por naturaleza y estaba segura de que al menos una se volvería contra mí. En cierta ocasión Nassrin respondió con malicia: «Tú misma nos dijiste que al final somos nuestros propios traidores, los Judas de nuestro propio Cristo». Manna señaló que yo no era la señorita Brodie y que ellas... bueno, ellas eran lo que eran. Me hizo recordar una advertencia que yo acostumbraba a hacer: «Nunca, en ninguna circunstancia, menospreciéis una obra de ficción tratando de convertirla en un calco de la vida real; lo que buscamos en la ficción no es la realidad, sino la manifestación de la verdad». Aunque supongo que si tuviera que incumplir mi propia recomendación y elegir la obra de ficción que mejor armonizaba con nuestra vida en la República Islámica de Irán, no elegiría La plenitud de la señorita Brodie, ni siquiera 1984, sino Invitado a una decapitación de Nabokov, o mejor aún, Lolita."

Leer Lolita en Teherán
Azar Nafisi - Antonio Vallardi Editores, 2014