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lunes, 7 de septiembre de 2026

los caminos del mar

 “Tristeza de sentirme aún tan vulnerable.  Dentro de veinticinco años, tendré cincuenta y siete.  Así que me quedan veinticinco años para hacer mi obra y encontrar lo que busco.  Después la vejez y la muerte.  Yo sé lo que es más importante para mí.  Y aún encuentro la manera de ceder a las pequeñas tentaciones, de perder tiempo en conversaciones vanas o en callejeos estériles.  He dominado dos o tres cosas en mí.  Pero qué lejos estoy de esa superioridad que tanto necesito.

Maravillosa noche en el Atlántico.  Esa hora que va del sol que desaparece a la luna apenas naciente, del oeste aún luminoso al este ya oscuro.  Sí, he amado mucho al mar…esa inmensidad tranquila…esos surcos recubiertos…esos caminos líquidos.  Por primera vez, un horizonte a la medida del aliento del hombre, un espacio tan grande como su audacia.  Siempre me he visto desgarrado entre mi apetito de los seres, la vanidad de la agitación y el deseo de hacerme igual a esos mares de olvido, a esos silencios desorbitados que son como el encanto de la muerte.  Siento inclinación por las vanidades del mundo, por mis semejantes, por los semblantes, pero, al lado del siglo, tengo una regla mía que es el mar y todo lo que en este mundo se le parece.  ¡Oh, dulzura de las noches!  Cuando las estrellas oscilan y se deslizan por encima de los mástiles, y ese silencio en mí, ese silencio por fin que me libera de todo ….”

Diarios de viaje - Albert Camus

 pintura de  J. Sorolla



lunes, 31 de agosto de 2026

una sospecha valiosa

 

“Se dirá, sin duda, que nada de esto es particular de nuestra ciudad y que, en suma, todos nuestros contemporáneos son así.  Sin duda, nada es más natural hoy día que ver a la gente trabajar de la mañana a la noche, y en seguida elegir, entre el café, el juego y la charla, el modo de perder el tiempo que les queda por vivir.  Pero hay ciudades y países donde la gente tiene, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa.  En general, esto no hace cambiar sus vidas, pero al menos han tenido la sospecha y eso es su ganancia.  Orán, por el contrario, es en apariencia una ciudad sin sospecha, es decir, una ciudad enteramente moderna.  Por lo tanto, no es necesario especificar la manera de amar que se estila.  Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo.  Entre esos dos extremos no hay término medio.  Eso tampoco es original.  En Orán, como en otras partes, por falta de tiempo y reflexión, se ve uno obligado a amar sin darse cuenta.”

La peste – Albert Camus





martes, 12 de junio de 2018

viendo claro en el dolor

"Por ocuparnos, en fin, de los amantes, que son los que más interesan y ante los que el cronista está mejor situado para hablar, los amantes se atormentaban todavía con otras angustias entre las cuales hay que señalar el  remordimiento. Esta situación les permitía considerar sus sentimientos con una especie de febril objetividad, y en esas ocasiones casi siempre veían claramente sus propias fallas. El primer motivo era la dificultad que encontraban para recordar los rasgos y gestos del ausente. Lamentaban entonces la ignorancia en que estaban de su modo de emplear el tiempo; se acusaban de la frivolidad con que habían descuidado el informarse de ello y no haber comprendido que para el que ama  el modo de emplear el tiempo del amado es manantial de todas sus alegrías. Desde ese momento empezaban a remontar la corriente de su amor, examinando sus imperfecciones. En tiempos normales todos sabemos, conscientemente o no, que no hay amor que no pueda ser superado, y por lo tanto, aceptamos con más o menos tranquilidad que el nuestro sea mediocre.  Y así consecuentemente, esta desdicha que alcanzaba a toda una ciudad no sólo nos traía un sufrimiento injusto, del que podíamos indignarnos:  nos llevaba también a sufrir por nosotros mismos y nos hacía ceder al dolor.  "

La peste - Albert Camus



sábado, 15 de julio de 2017

justicia estereotipada

"Y bien señores", dijo el Abogado general:  "Acabo de reconstruir delante de ustedes el hilo de acontecimientos que condujo a este hombre a matar con pleno conocimiento de causa.  Insisto en esto.", dijo, "pues no se trata de un asesinato común, de un acto irreflexivo que ustedes podrían considerar atenuado por las circunstancias.  Este hombre, señores, este hombre es inteligente.  Ustedes han oído ¿no es cierto?  Sabe contestar.  Conoce el valor de las palabras.  Y no es posible decir que ha actuado sin darse cuenta de lo que hacía." Yo escuchaba y oía que se me juzgaba inteligente. Pero no comprendía bien cómo las cualidades de un hombre común podían convertirse en cargos aplastantes contra un culpable.  Era esto lo que me chocaba y no escuché más al Procurador hasta el momento que le oí decir:  "¿Acaso ha demostrado al menos arrepentimiento?  Jamás señores. Ni una sola vez en el curso de la instrucción este hombre ha parecido conmovido por su abominable crimen"  En ese momento se volvió hacia mí, me señaló con el dedo, y continuó abrúmandome sin poder comprender bien por qué.  Sin duda no podía dejar de reconocer que tenía razón.  No lamentaba mucho mi acto.  Pero tanto encarnizamiento me asombraba. Hubiese querido tratar de explicarle cordialmente, casi con cariño, que nunca había podido sentir verdadero pesar por alguna cosa.  Estaba absorbido siempre por lo que iba a suceder, por hoy o por mañana.  Pero, naturalmente, en el estado en que se me había puesto, no podía hablar a nadie en ese tono. No tenía  derecho de mostrarme afectuoso, ni tener buena voluntad. Y traté de escuchar otra vez porque el Procurador se puso a hablar de mi alma."

El extranjero  - Albert Camus