"- La señora Matilde no era atea.
- Agnóstica, entonces.
- Por lo que decía, ni eso.
Lisboa, de pronto ceñudo, la emplazó a que se explicara.
- Bueno - comenzó Ada Luz, tartamudeando un poco - Cuando la señora Matilde llegó de Houston la última vez y ya no se volvió a levantar, le vine a traer dos mañanitas que me había encargado que le tejiera, una amarilla, muy clarita, casi beige, un tono muy fino que ella misma eligió antes de irse, y otra color agua. Esa tarde estaba muy deprimida y cuando le pasé su espejito de mano que me pidió, comenzó a hablar de su muerte. Su carita...estaba tan mal...No la vi de frente cuando me habló sino reflejada en el espejito y tenía lágrimas, me pareció. Yo me sentí un poco rara porque no teníamos intimidad y hablarle de esas cosas a una extraña...bueno, claro, como era tan solita...
- ¿Qué tiene que ver todo eso...?
- Es que entonces, mientras se miraba en el espejito de mano, de repente me contó la cosa más rara.
- ¿Qué?
- Que ella, en Houston, había pedido la extremaunción.
¿Y se la dieron?
- Sí. Y que comulgó. ¿Qué raro, no? Quedé muy confundida. ¿Y sabe qué más me dijo?
- ¿Quién? - preguntó Lisboa, aturdido por esta revelación.
- La señora Matilde, pues Lisboa.
- ¿Qué?
- Que a ella, para su funeral, le gustaría que le dijeran misa.
Lisboa la enfrentó:
- ¿Y eso qué tiene de particular? Está dentro de la nueva consigna del Partido, aunque ella no pertenecía: la unidad de la oposición. A mi, personalmente, me da un poco de risa estar aliado con la Iglesia, pero...
- Y entonces me dijo que le gustaría que su misa se la dijera uno de esos curitas revolucionarios que viven en las poblaciones.
- ¿A ver? Eso es muy distinto.
- ¿Por qué va a ser distinto?
- No me gusta nada este asunto de las misas y las comuniones. Un curita cualquiera que dice misa en un funeral no es más que eso: un cura que dice misa en un funeral. ¿Comprende? No nos hace daño.
- Claro que no.
- Pero un cura revolucionario sería una bandera demasiado poderosa si le dice una misa a la señora Matilde. En ese caso la oposición se transformaría en resistencia, y la resistencia la tenemos que encabezar nosotros, no los curas.
-¿Qué vamos a hacer con lo de la misa, entonces?
- ¿Por qué no me lo dijo antes?
- Porque no creí que tuviera importancia.
Él le tomó la mano encima de la barandilla y le sonrió benigno.
- Y así es: no la tiene. Olvídese del asunto, mijita. "
La desesperanza - José Donoso
Editorial Seix Barral, 1986
"Reconocer la realidad como forma de ilusión, y la ilusión como forma de realidad, es igualmente necesario e igualmente inútil". F. Pessoa
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viernes, 27 de abril de 2018
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