domingo, 15 de abril de 2018

certezas ancestrales e inquietudes de un joven

"Okonkwo estaba satisfecho interiormente por la evolución de su hijo, y sabía que se debía a Ikemefuna. Quería que Nwoye se convirtiera en un joven duro capaz de gobernar la casa de su padre cuando él muriese y fuese a reunirse con los antepasados. Quería que fuese un hombre de buena posición, que tuviese suficiente en su granero para alimentar a los antepasados con sacrificios regulares. Y por eso se sentía feliz siempre que le oía refunfuñar contra las mujeres. Eso demostraba que sería capaz de controlar a su debido tiempo a las de la familia. Por muy buena posición que tuviese un hombre, si no era capaz de controlar a sus mujeres y a sus hijos (y sobre todo a sus mujeres) no era realmente un hombre. Era como el hombre de la canción que tenía diez esposas y no tenía sopa suficiente para su fufú.
Así que Okonkwo animaba a los chicos a sentarse con él en su obi  y les contaba historias del país, historias masculinas de violencia y derramamiento de sangre. Nwoye sabía que estaba bien ser masculino y ser violento, pero aún prefería sin saber por qué los cuentos que solía contar su madre, y que aún debía seguir contándoles sin duda a sus otros hijos más pequeños...cuentos de la tortuga y sus astutas artimañas y del pájaro eneke-nti-oba que desafiaba a todo el mundo a un combate de lucha y al que acababa derribando el gato."

Triología africana
Todo se desmorona - Chinua Achebe
DeBolsillo, 2014



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