martes, 19 de junio de 2018

cuando la soledad termina en el otro

"Otro elemento a tener en cuenta frente a la posibilidad de la subgerencia. Si en mi vida no se hubiera introducido Avellaneda, quizá tendría derecho a vacilar. Comprendo que para algunos el ocio puede ser fatal; sé de varios jubilados que no fueron capaces de sobrevivir a esa interrupción de la rutina. Pero ésa es gente que se ha ido endureciendo, anquilosando, que virtualmente ha ido dejando de pensar por su cuenta. No creo que éste fuera mi caso. Yo pienso por mi cuenta. Pero aún pensando por mi cuenta, podría desconfiar del ocio, siempre que el ocio fuera una simple variante de la soledad; como podría serlo, en mi futuro de hace unos meses, antes que apareciese Avellaneda. pero con ella instalada en mi existencia, ya no habrá soledad. Es decir:  ojalá que no haya. Hay que ser más modesto cuando uno se enfrenta, cuando uno se confiesa a si mismo, cuando uno se acerca a su última verdad, que aún puede llegar a ser más decisiva que la voz de la conciencia, porque ésta sufre de afonías, de imprevistas ronqueras, que a menudo le impiden ser audible. Yo sé ahora que mi soledad era un terrible fantasma, sé que la sola presencia de Avellaneda ha bastado para espantarla, pero sé que no ha muerto, que estará juntando fuerzas en algún sótano inmundo, en algún arrabal de mi rutina. Por eso, sólo por eso, me apeo de mi suficiencia y me limito a decir: ojalá.
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La tregua - Mario Benedetti
Ediciones Peisa, Lima, Perú


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