"La
literatura moderna está recargada de locos geniales. No es, pues, de extrañar
que cuando un escritor inmensamente dotado, cuyas aptitudes no llegan a la
genialidad, surge asumiendo con audacia las responsabilidades de la cordura, y sea aclamado por consideraciones que exceden sus méritos puramente literarios.
Me refiero,
naturalmente, a Albert Camus, el marido ideal de las letras contemporáneas.
Como contemporáneo tuvo que tratar temas de dementes: suicidio, carencia de afecto, culpabilidad,
terror absoluto. Pero lo hace con un aire de razonabilidad, mesura, fluidez,
graciosa impersonalidad, que le sitúa aparte de los otros. Partiendo de las
premisas de un nihilismo popular, mueve al lector -con sólo el poder de su voz
y su tono sosegados- a sacar conclusiones humanistas y humanitarias que en nada
derivan de sus premisas. Este salto ilógico
desde el abismo nihilista es la cualidad que lleva a los lectores a sentirse
agradecidos a Camus. Así es como suscitó en sus lectores un sentimiento de
verdadero afecto. Kafka despierta piedad
y terror; Joyce, admiración; Proust y Gide, respeto; pero ningún escritor
moderno que yo recuerdo, excepto Camus, ha despertado amor. Su muerte en 1960
fue sentida por todos los lectores como una pérdida personal.”
Contra la Interpretación y otros ensayos - Susan Sontag

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