jueves, 20 de junio de 2019

espacios limitados

"_ ¿Vive usted sólo en esta casa tan grande? ¿No le sobra espacio?
_ No _ contestó sin titubear_. En absoluto. Me gusta estar solo. Es mi carácter. Piense, por ejemplo, en el córtex cerebral. Los seres humanos tenemos uno con unas capacidades enormes. Sin embargo, la parte que usamos habitualmente apenas llega al diez por ciento del total. Nacemos con un órgano maravilloso con unas capacidades enormes, pero, por desgracia, aún no hemos logrado explotarlo en su totalidad. Es como si una familia de cuatro miembros usara solo una habitación de cuatro tatamis y medio a pesar de tener una mansión lujosa, amplia y cómoda. Todas las habitaciones menos una estarían en desuso, vacías. Si lo piensa, entenderá por qué vivo aquí solo sin problemas. No es algo tan extraño.
Visto así, quizá tenga razón.
El símil me pareció acertado. Durante un rato, Menshiki se dedicó a juguetear con un anacardo en la mano, y al final dijo:
_ No obstante, si no tuviéramos un cerebro tan perfecto, a pesar de su aparente inutilidad, no seríamos capaces de pensar en abstracto y tampoco se nos ocurriría adentrarnos en el terreno de la metafísica. Puede que solo usemos una pequeña parte, pero el córtex cerebral es capaz de muchas cosas. No puedo evitar preguntarme de qué seríamos capaces si lo utilizásemos en su totalidad. ¿No se parece un tema apasionante?"

La muerte del comendador - Haruki Murakami
Editorial Planeta Chilena S.A. 2018




domingo, 12 de mayo de 2019

disfrutando la montaña

"La casa estaba construida en lo alto de la montaña, y desde la terraza orientada al sudoeste  se atisbaba el mar a lo lejos entre los árboles. La porción de mar que se podía ver no era muy grande, parecía la cantidad de agua que cabría en un balde:  un trozo diminuto del inmenso océano Pacífico. Un conocido que trabajaba en una agencia inmobiliaria me había dicho que el valor de las casas variaba mucho en función de si se veía el mar o no, aunque solo se tratase de una porción minúscula. A mí me resultaba indiferente. Desde aquella distancia, tan solo parecía un trozo de plomo de color apagado. No entendía el porqué de tanto afán por ver el mar. Yo prefería contemplar las montañas. Según la estación del año y la meteorología, su aspecto variaba por completo y nunca me aburría. De hecho, me alegraba el corazón."

La muerte del Comendador - Haruki Murakami
Editorial Planeta Chilena S.A., 2018


domingo, 14 de abril de 2019

los sonidos del silencio

"Es un minuto de silencio que se transforma en música. Nini Rosso lo compuso en 1965 y pronto se convirtió en un éxito internacional, con cinco millones de ejemplares vendidos para 1967. Fue compuesta para trompeta y al final incluye un breve pasaje vocal. La obra, originalmente titulada Il silenzio, ha tenido innumerables adaptaciones para trompeta solista pero también para orquesta Big Band y de jazz. También ha sido usada en varias películas.
Pese a todo, fue en los cementerios donde Il silenzio alcanzó su verdadera fama. Su versión para trompeta solista ha sido un aporte significativo para la oferta de música fúnebre del sur de Europa. Un amigo mío, que regresó a finales de los sesenta de un entierro en Trento, me relató su experiencia con Il silenzio. No hubo banda de metales, ni vocalistas, nada.  Todo indicaba que en el entierro de su tío, que había huído a Italia después de la guerra y había muerto allí, la comitiva fúnebre iba a avanzar en silencio, cuando de pronto los alcanzó el sonido errante de una trompeta. Al principio no fue más que un par de notas, parecía que el viento traía aquel sonido de otro funeral, pero en seguida empezó la melodía.  Él no pudo ver, me contó, de dónde provenía aquel sonido, que se iba haciendo más fuerte con cada nueva nota, más vibrante, y parecía ir envolviendo poco a poco a todos los que caminaban pausadamente, vestidos de luto, al féretro, al carrito con guirnaldas fúnebres, a la mujeres llorosas, al sacerdote, y por fin también a la tumbas, el seto, los arbustos de laurel cerezo, hasta los árboles. Cuando la melodía subió de volumen, parecía que las copas de los cipreses se agitaban por la resonancia de aquellas notas. Y durante todo el tiempo, mientras se propagaban los sonidos, mi amigo seguía sin saber de dónde provenía la música. Aquel misterio, junto con el hecho de que la oía por primera vez, hizo que esta composición le pareciera sobrenatural."

A todos nos falta algo - Zoran  Feric'
(Antología del cuento croata)
Compilador: Roman Simic' Bodrozic'
Ediciones Cal y arena, 2014