sábado, 24 de junio de 2017

¿se pueden ampliar los límites?

"Cuando ejercemos nuestro juicio moral, no solo estamos afirmando que esto es mejor que aquello.  Incluso de un modo más fundamental estamos afirmando que esto es más importante que aquello.  A fin de ordenar la extensión y simultaneidad abrumadora de todo,  con el coste de ignorar o darle la espalda a la mayor parte de lo que está ocurriendo en el mundo.
La naturaleza de los juicios morales depende de nuestra capacidad para prestar atención:  una capacidad que, de manera inevitable, tiene límites, aunque estos pueden ampliarse.
Pero acaso el comienzo de la sabiduría, de la humildad, sea el reconocimiento, inclinando la cabeza, de la idea, la devastadora idea, de la simultaneidad de todo, y la incapacidad de nuestro entendimiento moral -que también es el entendimiento del novelista- para asimilarlo.
Acaso esta conciencia resulta más llevadera para los poetas, que no creen cabalmente en la narrativa. 

 Fernando Pessoa, grandísimo poeta y escritor portugués de principios del siglo XX, escribió en su suma en prosa, El libro del desasosiego:

"He descubierto que siempre estoy atento, y siempre pensando en dos cosas al mismo tiempo.  Supongo que todos somos así en alguna medida... En mi caso las dos realidades que atraen mi atención son igualmente vívidas.  En eso reside mi originalidad.  Eso, quizá constituye mi tragedia, y lo que lo vuelve cómico."

Sí, cada cual es en alguna medida así...pero la conciencia del carácter doble del pensamiento es una posición incómoda, muy incómoda si se mantiene por mucho tiempo.  Parece normal que la gente reduzca la complejidad de lo que siente y piensa y que clausure la conciencia de lo que se halla fuera de su experiencia inmediata.

¿No está este rechazo de una conciencia extendida, que asimila más de lo que ocurre ahora mismo, aquí mismo, en el centro de nuestra siempre confundida conciencia de la maldad humana y de la capacidad inmensa de los seres humanos para hacer el mal?  Puesto que existen, de modo categórico, zonas de la experiencia que no son angustiantes, que dan alegría, es un enigma permanente que haya tenido tanta miseria y maldad.  Una buena parte de la narrativa y las conjeturas que intentan librarse de la narrativa y volverse puramente abstractas se preguntan:  ¿por qué existe el mal?, ¿por qué las personas se traicionan y se asesinan unas a otras?, ¿por qué sufren los inocentes?
Pero acaso sea preciso reformular el problema ¿por qué no hay maldad por doquier?  Más precisamente ¿por qué está en algunos lugares, pero no en todos? ¿Y qué debemos hacer cuando no nos acaece a nosotros, cuando el dolor que se sufre es el dolor de los demás?

Al mismo tiempo - Ensayos y conferencias - Susan Sontag

Editorial Sudamericana,2008
pág.227


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