jueves, 4 de junio de 2026

flor del camino

 ¡Qué pura, Platero, y qué bella es esta flor del camino! Pasan a su lado

todos los tropeles—los toros, las cabras, los potros, los hombres—, y ella, tan

tierna y tan débil, sigue enhiesta, malva y fina, en su vallado triste, sin

contaminarse de impureza alguna.

Todos los días, cuando, al empezar la cuesta, tomamos el atajo, tú la has

visto en su puesto verde. Ya tiene a su lado un pajarillo, que se levanta—¿por

qué?—al acercarnos; o está llena, cual una breve copa, del agua clara de una

nube de verano; ya consiente el robo de una abeja o el voluble adorno de una

mariposa.

Esta flor vivirá pocos días, Platero, pero su recuerdo ha de ser eterno. Será

su vivir como un día de tu primavera, como una primavera de mi vida. ¡Ay!

¿Qué le diera yo al otoño, Platero, a cambio de esta flor divina, para que ella

fuese, diariamente, el ejemplo sencillo de la nuestra?

Platero y yo - Juan Ramón Jiménez



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