“M. Laruelle se preguntó si llovería; en ocasiones, aunque pocas veces, ocurría en esta época, como, por ejemplo, el año anterior en que llovió fuera de temporada. Y aquellos nubarrones en el sur eran de tormenta. Se imaginó que podía olfatear la lluvia y se le ocurrió que nada le agradaría tanto como mojarse, empaparse hasta la médula, y caminar sin cesar por esta tierra agreste con sus pantalones de franela blanca pegados, cada vez más y más y más mojado. Contempló las nubes: oscuros caballos veloces se movían en el cielo ¡Sombría tempestad que se desataba a destiempo! Así ocurría con el amor, pensó; el amor que llega demasiado tarde. ¡Sólo que a este no seguía la calma, como cuando la fragancia vespertina o el rayo de sol, lento y cálido, vuelven a la tierra sorprendida! M. Laruelle se alejó apresurando el paso. Y si tal amor de pronto nos enmudece, nos ciega, nos enloquece o nos mata: con encontrarle un símil no vamos a cambiar nuestro destino. Tonerre de dieu! … Describir el amor tardío no apaciguaba sed alguna.
Bajo el volcán – Malcolm Lowry

No hay comentarios:
Publicar un comentario